CONTEXTO

Si algo ha quedado patente durante esta crisis provocada por la pandemia, ha sido el rápido avance en los procesos de digitalización de muchos sectores, incluidas las administraciones: Se ha avanzado más en 10 meses que en los últimos 3 años. El Sector Bancario, aunque ha sufrido menos que en la anterior crisis, también ha notado los efectos de la pandemia, agudizando alguno de los problemas heredados del pasado y planteando retos urgentes en su proceso de renovación y consolidación.

El punto de partida es complejo debido a la situación económica global: Los principales bancos españoles (aquellos que son supervisados directamente por el Banco Central Europeo), tenían en el tercer trimestre de 2020 una rentabilidad sobre recursos propios del -3,60% debido a las pérdidas sufridas por la pandemia y habían reducido los beneficios netos por la caída de los ingresos operativos y por un aumento de los deterioros de valor y provisiones, llegando a una ratio de créditos dudosos del 2,5 % en las mismas fechas.

Considerando la política aplicada en la Zona Euro sobre el precio del dinero y la compra de deuda, resulta que los negocios tradiciones de una Entidad Financiera parecen no tener un futuro claro: El negocio de Activo (Financiación) tiene mayor riesgo debido a la crisis, el negocio de Pasivo (ahorro y depósitos) resulta ruinoso por el precio del dinero y la intermediación reduce sus márgenes y necesita economías de escala a nivel global.

LOS 5 PUNTOS DE PRESION

Aunque la Banca siempre ha sido (y es) un sector altamente digitalizado, que en España supone un 26% del gasto en Tecnologías de la Información, no puede sustraerse al cambio disruptivo que está provocando la tecnología en todos los ámbitos económicos y sociales: por primera vez en la Historia las tendencias tecnológicas no vienen impuestas por el proveedor, sino que vienen dadas por la rápida adopción de nuevas tecnologías por parte de los usuarios o consumidores.

Si consideramos que la tecnología evoluciona a un ritmo exponencial (disrupción) y que la capacidad de cambio de las organizaciones lleva un ritmo logarítmico (evolución), la brecha entre ambos mundos es cada vez mayor, lo que convierte el proceso de digitalización en un reto colosal (Ley de Martec).

Ley de Martec

En el caso de la Banca podemos identificar cinco “puntos de presión” que pueden ser una amenaza o ser usados como palancas de mejora dependiendo de cómo se actúe sobre ellos:

  • Tipos interés en nivel cero o negativo hasta 2022 o 2023: La tasa de la facilidad de depósito continuará en -0,50% y la de la facilidad de préstamo en el 0,25%
  • Cumplimiento: regulación y normativa cada vez más exigente, costosa y desigual en función del tipo de Entidad. Resultan más fácil las tareas de “compliance” para un Banco Digital de nueva creación que para una Entidad centenaria.
  • Competencia Digital: Aparición de “new players”, bancos digitales y “non-Banks” provenientes de otros sectores industriales que actúan sobre nichos sencillos y poco apalancados: pagos, préstamos al consumo, cuentas digitales…
  • Concentración de servicios comunes e infraestructuras de mercado: cámaras, pagos, etc. produciendo un efecto global con la aparición de grandes competidores con los que es prácticamente imposible competir.
  • Desintermediación: Los usuarios son “consumidores tecnológicos” y las organizaciones no se adaptan con suficiente rapidez al nuevo modelo, por lo que existe el riesgo para las entidades de verse relegadas a realizar funciones de backend (la sala de máquinas del barco), y ser sustituidas en la relación con el cliente por empresas nativas digitales (sin contar con la facilidad que para ello aporta las nuevas normas y directiva europeas como la PSD2).

DEMASIADO DIFERENTE PARA CAER

Desde que Bill Gates dijera la famosa frase “Banking is necessary, Banks are not” (La banca es necesaria, pero los banco no) allá por 1994, las entidades se han transformado profundamente, e Internet se ha convertido en el “Zeitgeist” de nuestra época, siendo el motor de muchos de los cambios tecnológicos que se han llevado a cabo en las Entidades. La Tecnología se ha incorporado como un nuevo (y vital) elemento del modelo de negocio (omincanalidad, productos y servicios digitales…), o como palanca para la reducción de costes y la búsqueda de mayor eficiencia (automatización, cloud computing, robotización, etc).

Durante este proceso, y tras varias crisis que han remodelado el mercado bancario, se han ideado fórmulas para justificar las diferentes estrategias adoptadas: desde el “Too Big to Fail” (demasiado grande para caer) hasta el “Too Small to Success” (demasiado pequeño para triunfar).

Estos lugares comunes se han demostrado erróneos en los últimos años: los nuevos jugadores digitales, bancos como N26, Revolut, etc, o proveedores de servicios financieros como Paypal, han demostrado que se puede tener éxito empezando desde cero con un tamaño ínfimo y crecer de forma muy rápida en el negocio sin hipertrofiar la cuenta de gastos y estructuras, que siguen siendo mínimas, lo que maximiza el valor y el futuro de estas compañías.

Por otro lado, los procesos de adquisiciones y fusiones (M&A) a que estamos asistiendo, están dando lugar a grandes entidades más resistentes al riesgo y a las futuras crisis, pero, que no las hace invulnerables ante la disrupción tecnológica: todo lo contrario, corren el riesgo en convertirse en “elefantes” que acentúen todavía más las debilidades expresadas por Martec si no se apoyan correctamente en las tecnologías emergentes.

Así, los procesos de M&A continuarán (alentados también por los reguladores), creando entidades cada vez mayores y más resistentes, cuya rentabilidad vendrá de la economía de escala (volumen) y de la búsqueda de sinergias y eficiencias. No obstante, este modelo estará reservado a aquellas entidades de tamaño suficiente como para soportar en tiempo y coste, los procesos de integración que conlleva, es decir a la gran banca.

En el otro extremo encontraremos a la “Banca Boutique” o de nicho (banca privada, de empresa, corporativa, etc), pequeña tal vez, pero de alto valor para sus clientes debido a su especialización y que mantendrá su rentabilidad gracias a su modelo de negocio.

Y, ¿qué pasara con el resto de las entidades?, ¿están abocadas a desaparecer o ser canibalizadas por alguno de los dos polos comentados?

Podemos vislumbrar una respuesta: la clave estará en la diferenciación, el reto estará en ser “demasiado diferente como para ser irrelevante, en definitiva, como para caer”. La clave estará ahí: en ser relevante para el negocio, los clientes y el ecosistema.

MÁS DIGITAL, MÁS…. HUMANA

Tal vez, la lección aprendida de los nuevos jugadores digitales ha sido que, para avanzar en el proceso de digitalización se necesita poner la tecnología en el centro del modelo de negocio, pasar de la cadena de valor tradicional al valor del ecosistema y hablar el lenguaje del consumidor (la experiencia de este nuevo cliente tecnológico). De esta forma resulta fácil identificar qué capacidades tienen que formar parte del ADN de las entidades:  Agilidad, Flexibilidad, Resiliencia, Automatización e Innovación.

En pfsTECH entendemos que éstos serán los pilares sobre los que se construya un nuevo modelo de banca: digital, sostenible y preparada para el futuro. Mejorar el crecimiento del negocio, aplicar una reducción inteligente de costes, optimizar procesos, maximizar la rentabilidad y el ROI, dependerá de un nuevo paradigma:

“La transformación eficiente a través de la tecnología y la innovación”

La búsqueda constante de la eficiencia a través de la tecnología y de la innovación ayudará a transformar los modelos de negocio, garantizar los resultados e ir adquiriendo o mejorando las capacidades (ADN Digital) en este nuevo contexto de mercado. Casi todos los Analistas coinciden en cuáles serán los principios que regirán la inversión y el gasto en tecnología en 2021: “garantizar la continuidad de las operaciones de nego­cio, automatizar y eficientar los procesos, garantizar la seguridad y consolidar los nuevos modelos de trabajo (físicos, remotos o híbridos)”.

Por eso en pfsTECH trabajamos en desarrollar el paradigma de Transformación Eficiente, sobre dos pilares fundamentales: la innovación como proceso vehicular para la transformación y la aplicación de tecnologías especializadas:

  • Cloud: Todo lo que pueda ser migrado a un modelo de nube (distribuida, hibrida, etc) se hará, reduciendo los costes de propiedad y las inversiones en infraestructuras y aplicaciones propietarias.
  • Hiperautomatización: Todo lo que sea susceptible de ser automatizado será automatizado con tecnologías RPA, etc. Liberando talento en las organizaciones disponible para otras tareas de mayor valor para el negocio.
  • Inteligencia artificial: Aplicada a distintos componentes del negocio ayudará a mejorar la relación con clientes, a la toma de decisiones, a la automatización de procesos complejos, etc.
  • Analytics y Big data: El valor del dato es fundamental como conocimiento del negocio, como parte del aprendizaje de los sistemas robotizados (RPA) e IA y como una posible fuente de ingresos en sí mismo (monetización).
  • Soluciones de colaboración: productividad y operación en remoto en un modelo laboral híbrido, en el que el modelo de gestión y dirección se base en la consecución de objetivos y la confianza entre las personas, todo ello soportado por herramientas tecnológicas que permitan definir, implantar y monitorizar este nuevo modelo y crear una cultura de empresa digital pero humana a la vez.

¿Y más humana?

En la Banca, todos los cambios que hemos descrito van a suceder de forma muy rápida en los próximos meses y años. Es cierto que, en el pasado, la aplicación de tecnologías avanzadas o los procesos de fusión buscaban la eficiencia únicamente a través de la reducción de costes directa o la mejora de ingresos, provocando un efecto no deseado: el cierre de oficinas y la destrucción de empleo en el sector bancario. Sin entrar a discutir la necesidad de adecuar los tamaños, lo cierto es que hoy en España, tenemos la mitad de oficinas y cajeros que hace una década y decenas de miles de puestos de trabajo amortizados.

Pero ya hemos visto qué es lo que, realmente, ha transformado la cadena de valor: la tecnología y las personas que van de la mano ya sean empleados o clientes. Las tecnologías de robotización o de inteligencia artificial no son un elemento “eliminador” de talento, todo lo contrario: este nuevo paradigma ayudará a los bancos a liberar talento y experiencia de tareas tediosas, repetitivas incluso poco rentables y poder dedicar a dichas personas a potenciar el negocio. Si tenemos un experto en Factoring realizando tareas administrativas sobre facturas, anticipos, etc: ¿no sería lógico robotizar dichos procesos y utilizar ese talento en gestionar clientes, definir nuevos modelos de financiación digital, optimizar procesos o dar soporte especializado o asesoría a sus clientes?, De esta forma: ¿no pasaría de ser un centro de coste a un centro de beneficios generando nuevos ingresos?

Además, las soluciones colaborativas en el teletrabajo, como eWORK (efficient Working), ayudarán a flexibilizar el modelo laboral de las entidades, sin perder dicho talento y experiencia, y para las personas será un modelo más real de conciliación y de gestión personal.

 

Decía Alan Kay que “la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo…”. Por eso en pfsTECH si creemos en el futuro que ya está aquí: UNA BANCA MÁS DIGITAL, Y…. MÁS HUMANA.

 

Autor: Mario Yáñez. Equipo pfsTECH