El pasado 26 de septiembre la mayoría de los medios de comunicación españoles se hicieron eco de la noticia de que un juez había anulado el despido de una trabajadora sustituida por un robot.

El comunicado recogía que la sentencia rechazaba que el despido de la trabajadora estuviera justificado por «causas objetivas» y que el juez no aceptaba las «causas técnicas, organizativas y productivas» que alegaba la empresa.

La empleada había sido sustituida por un robot de software, un programa informático que realiza tareas utilizando otras aplicaciones de la misma forma que lo hace un usuario, y que había adquirido una empresa turística de Canarias para hacer labores administrativas de contabilidad.

La noticia fue difundida en medios de comunicación físicos y online produciendo, sin duda alguna, una respuesta afectiva o emocional en los lectores que se ponían del lado de la trabajadora y en contra de la empresa que había querido prescindir de sus servicios al reemplazarla por el robot. Los lectores, como es lógico, empatizaban con esa trabajadora y demonizaban la automatización robótica de procesos y la tecnología RPA (Robotic Process Automation) utilizada.

En el artículo “El impacto de la automatización en el puesto de trabajo y cómo podemos prepararnos” que publicamos a principios de septiembre, ya comentábamos que la automatización, la inteligencia artificial y la robótica son parte de una nueva ola que acecha el mercado laboral donde la mano de obra para hacer algunas tareas administrativas va a ser poco a poco sustituida por la tecnología.

Esto plantea un enorme desafío para las empresas que van a ver como trabajadores que toda la vida han hecho lo mismo, como era el caso de esta trabajadora en Canarias, ya no son necesarios y, sin embargo, son necesarios perfiles con otras habilidades.

La tecnología de automatización está disponible y tiene un nivel de madurez óptimo para que cualquier empresa pueda implantarla en sus procesos de negocio pero no con el objetivo de eliminar puestos de trabajo sino con el de potenciar las capacidades, de las personas y de las empresas para hacer más con lo mismo y poder ser más competitivas.

Los robots de software pueden hacer todas aquellas tareas repetitivas, mecánicas y aburridas (por ejemplo, contabilizar facturas) que hacen a las personas menos humanas ya que no aportan ningún valor en repetir algo n veces al día como una máquina. Este tipo de tareas tiene sentido que las realicen robots de software pues las hacen mucho más rápido que los humanos, sin errores y de forma más productiva ya que pueden trabajar sin descanso hasta cuando las personas duermen.

Al dejar de hacer estas tareas mecánicas y repetitivas, las personas pueden ser más personas, dedicándose a gestionar excepciones, resolver problemas, validar el resultado de los robots y hacer otras tareas más creativas, que requieran el juicio humano y que sean de mayor valor potenciando sus habilidades para responder eficientemente a las exigencias de un mercado dinámico.

En la mayoría de las empresas en las que hemos prestado nuestros servicios de RPA para implantar y programar robots de software, son las propias personas, las que antes realizaban las tareas, las que están encantadas ya que ahora cuentan con tiempo extra para hacer otras tareas donde pueden aportar más valor.

El desafío está en la transformación que hagan las empresas para que humanos y robots trabajen juntos cada uno haciendo las tareas adecuadas en vez de convertirse en simples sustitutos.

Con el paradigma de la escasez, muchas empresas utilizarán la automatización robótica de procesos para eliminar puestos de trabajo y reducir costes con una visión cortoplacista y poco estratégica.

Con el paradigma de la abundancia, las empresas que apuesten por la automatización, tengan una hoja de ruta bien definida y hayan sido transparentes con sus trabajadores, serán capaces de transformar sus negocios logrando un beneficio competitivo a medio y largo plazo.

 

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